Fútbol excelso para meterse en octavos

Un recital de 45 minutos. Eso es lo que dio Francia en la primera mitad, en la que dejó solucionado el partido y la clasificación para octavos de final. Los cambios de Deschamps surgieron efecto y le dieron al equipo unas alternativas que no tuvo ante Honduras, sobre todo con la entrada de Giroud, que fue una pesadilla para los centrales suizos y les ganó prácticamente en todas las acciones.

Desde el primer momento se vio que la presencia del gunner en el once iba a condicionar el juego bleu. Ante la presión de la primera línea de Suiza la consigna era enviar una y otra vez el balón en largo. En los primeros compases el encuentro fue una lucha por bajar el balón, con mucho centrocampismo y juego duro. Los helvéticos aguantaron diez minutos la intensidad que ponían Sissoko y Matuidi, y poco a poco las sensaciones iban favoreciendo a Francia, que daría un primer aviso con un disparo lejano de Benzema que se marchó fuera.

La presión de Francia era demasiado para Inler y Dzemaili, que superados en la zona media eran incapaces de ofrecer salida a los centrales. Recuperando el cuero una y otra vez en zonas de peligro, con un gran Valbuena liberado en ataque, el gol parecía cuestión de insistencia. Llegó a los 17 minutos, en un magistral remate de cabeza de Giroud al saque de un córner. Y cuando Suiza aún digería el primer golpe, llegó el segundo. Nada más sacar de centro Benzema robó el balón y habilitó a Matuidi, que estaba en todas partes, para que éste definiese como los mejores delanteros centro.

El 2-0 parecía matar el partido, y más aún cuando Djorou cometía un absurdo penalti sobre Benzema. El ‘9’ no pudo batir a Benaglio, y en el posterior rechace Valbuena se encontró con el larguero. Este error fue un pequeño sorbo de aire para una Suiza ahogada, que pudo recortar el marcador con un disparo de Xhaka que se marchó cruzado por poco. Los de Hitzfeld quisieron venirse arriba, y en el momento en que más cómodos parecían llegó el tercero. Giroud despeja un córner, pared entre Varane y Benzema para que el primero se la ponga en largo otra vez a Giroud, que llega a línea de fondo y la pone para que Valbuena empuje. Partido sentenciado.

El encuentro se marchó al descanso con la sensación de que Suiza era un muñeco de trapo en manos de un niño sin compasión. Destacable una vez más la tarea de Cabaye, que volvió a hacer suyo el centro del campo, recuperó balones, inició y repartió el juego a su antojo e hizo moverse a Francia en una sinfonía que rozó la perfección.

En el segundo acto Les Bleus dieron un paso atrás, y en Dzemaili empezó a asomar la cabeza al borde del área de Lloris combinando con Xhaka y Shaquiri. De las botas de estos tres surgieron un par de ocasiones claras para Suiza que se marcharon al limbo. Sin embargo a los helvéticos se les seguían viendo las dudas del que sabe que si se confía demasiado y da espacios, el rival le puede hacer un roto. Y aunque no llegaron a irse adelante del todo, Francia supo encontrar la manera de aumentar la ventaja.

Benzema aprovechó un majestuoso pase con el exterior de Pogba -que entró por Giroud- para hacer el cuarto entre las piernas de Benaglio. El guardameta evitó otro par  de ocasiones, pero nada pudo hacer a un disparo cruzado de Sissoko tras la segunda asistencia del partido de Benzema. La manita relajó definitivamente a los de Deschamps y Suiza maquilló el resultado. Primero con una falta directa de Dzemaili y luego con un gran pase de Inler para Xhaka que éste definió al primer toque. Dos goles que no esconden el recital de Les Bleus, que estarán en octavos salvo hecatombe.