Vuelta a la realidad con los deberes hechos

No es ni siquiera una desilusión que Francia quede apeada de este Mundial en cuartos de final. Nos logramos clasificar para la cita in extremis, sufriendo hasta el último minuto, por lo que no era de esperar  que el otrora trofeo Jules Rimet fuese a nuestras vitrinas por segunda vez.

Si uno de cada nueve franceses creía que Francia iba a ganar el Mundial antes de empezarlo, el porcentaje fue aumentando a medida que se iban consiguiendo buenos y notables resultados. El espíritu de victoria se situó en el 25 %, confiándose 1 de cada 4 franceses en que Les Bleus pudieran ganar el título. La ambición siempre hay que tenerla presente.

Bien es cierto, que según las leyes de la estadística a Francia le tocaba hacer un buen papel en el Mundial. Tras no participar en el 94’, han ido cosechando un Mundial bueno y otro malo en cada cita,  y este año surgió la buena suerte. Y digo buena suerte, porque era el objetivo marcado por Francia. Con un grupo asequible y una eliminatoria de octavos con la misma sensación, no se podía esperar otra situación que no fuese el llegar hasta donde hemos caído eliminados.

Además, ¿cómo se ha podido generar tanta ilusión si no hemos ganado a ningún campeón del Mundo en los últimos cuatro enfrentamientos contra alguno de ellos? España nos ganó, lo mismo ocurrió con Alemania, Brasil y Uruguay. Y esta vez volvemos a caer con Alemania. Hemos vencido a rivales de categoría media, incluso algunos de muy baja entidad, ¿creéis por tanto que teníamos las papeletas de ganar el Mundial?

Una virgen disfrazada de Sakho se nos apareció en Saint-Denis, por eso fuimos a Brasil. Seamos realistas, el meter ocho goles a Jamaica, cuatro a Honduras, cinco a Suiza, no quiere decir nada si nos cortocircuitamos ante rivales de mayor categoría, que son los que verdaderamente te van a dejar pasar al Olimpo de los elegidos.

Vuelta a la realidad con los deberes hechos,  y esperando que este Mundial sirva de punto de inflexión para abrir camino a la sensacional generación que viene por detrás pisando fuerte.